Siempre he pensado que las ideas liberales deben estar presentes en el debate político en Catalunya y en España.
Cuando era jovencito milité en el partido del presidente Suárez, el CDS, y en los últimos años he tenido el carnet de un pequeño partido liberal, el P-Lib. En ningún caso para hacer "carrera política" sino por un compromiso con mis ideas.
Voy a devolver el carnet del P-Lib.
Los colegas de partido, viendo las dificultades para que las ideas liberales vayan avanzando en estas tierras, se han decantado por la salida libertaria. Es decir, han elegido plantear un órdago a todo el sistema, proponiendo un mundo ideal edificado a la medida de un cierto "snobismo/anarquismo de derechas".
Ellos, como los marxistas e iluminados del siglo pasado, también esperan la revolución.
Yo no.
Yo me siento más identificado con el pensamiento expresado por Raymond Aron:
"Adopté una actitud que ha seguido siendo la mía siempre, con modificaciones según las circunstancias. Esto es, no tengo ningún afecto por los conservadores y los hombres de derechas, estoy en contra de la revolución violenta e intento en un mundo mezquino mejorar lo que se puede mejorar. Es del todo decepcionante, estoy de acuerdo, es del todo decepcionante y lo sé, no es el tipo de cosas que entusiasma a las masas, ni siquiera a los jóvenes..."
En el mundillo liberal hay montones de etiquetas expresando matices ideológicos. El P-Lib ha decidido llamarse ahora Partido Libertario. Quizás mi etiqueta sea la de "liberalismo decepcionante", no lo niego.
Pero si tengo que elegir entre Groucho Marx ("Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros") y Martín Lutero ("No es seguro ni honesto hacer algo contra la conciencia. No puedo hacer otra cosa, ésta es mi postura"), yo lo tengo claro.
Ya he elegido.
viernes, 20 de febrero de 2015
domingo, 25 de enero de 2015
Cuando tienes un amigo que es un gran payaso
Dedicado a mis amigos D. Pedro y Fabrizzio.
Se afirma que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Supongo que los niños por inocentes y los borrachos por inconscientes. Sin embargo, en esa afirmación falta un sujeto más: los payasos.
Roberto Benigni, el gran cómico italiano, reflexionando sobre la diferencia entre el oficio de payaso y el de actor, escribió: "El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso encarna el suyo propio".
El payaso no representa ni miente y, sobre todo, no se miente a si mismo. Sabe de sus defectos y torpezas, y decide no excusarlos o esconderlos. Construye su propio personaje, no siempre sobre ellos, pero siempre contando con ellos.
Así lo explicaba Jacques Lecoq, el gran maestro del mimo y la interpretación: "Un día pedí a los alumnos que se pusieran en círculo -reminiscencia de la pista circense- y que nos hicieran reír. Uno tras otro, lo fueron intentando con payasadas, piruetas, juegos de palabras a cuál más fantasioso. ¡Todo inútil! El resultado fue catastrófico. Teníamos la garganta oprimida, una sensación de angustia en el pecho, todo aquello se estaba volviendo trágico. Cuando se dieron cuenta del fracaso, pararon la improvisación y se volvieron a sus sitios para sentarse, despechados, avergonzados, incómodos. Fue entonces, al verlos en aquel estado de abatimiento, cuando todo el mundo se echo a reír, no del personaje que pretendían presentarnos, sino de la persona misma, puesta así al desnudo. ¡Lo habíamos encontrado! El clown no existe por separado de la persona que lo interpreta”.
El payaso es transparente y en lugar de fabricarse una máscara destaca su nariz, muestra los colores de un sonrojo permanente, presume de un tupé narcisista o nos regala su más torpe resbalón; siempre fiel a si mismo y su verdad.
Ante la presencia del payaso quedamos confrontados con nuestros burdos intentos de enmascarar nuestra realidad y ocurre como en aquella historia que narraba Miguel Gila sobre la forma en que detuvo a Jack el Destripador cuando trabajó para Scotland Yard. El decía que lo había detenido a base de indirectas. Pasaba cerca de Jack y le decía: "Alguien ha matado a alguien" y otras insinuaciones semejantes, hasta que el Destripador se derrumbó.
La proximidad del payaso derrumba nuestras máscaras.
Me atrevo a decir más. Si el payaso es muy bueno-muy bueno, no hace falta que esté pintado ni actuando sobre la pista para que este efecto se produzca. Si para Lecoq el payaso no existe separado de la persona que lo representa, tampoco un gran artista puede abandonar su payaso en el camerino...
No es posible entonces la amistad con un amigo payaso y la pretensión de seguir conservando nuestras máscaras, como no es soportable para el hipócrita la proximidad del niño o del borracho.
Así que si la amistad ya es en si misma un tesoro, tener un amigo que es un gran payaso es la mayor de las fortunas porque nos regala la libertad de volver a ser nosotros mismos.
Se afirma que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Supongo que los niños por inocentes y los borrachos por inconscientes. Sin embargo, en esa afirmación falta un sujeto más: los payasos.
Roberto Benigni, el gran cómico italiano, reflexionando sobre la diferencia entre el oficio de payaso y el de actor, escribió: "El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso encarna el suyo propio".
El payaso no representa ni miente y, sobre todo, no se miente a si mismo. Sabe de sus defectos y torpezas, y decide no excusarlos o esconderlos. Construye su propio personaje, no siempre sobre ellos, pero siempre contando con ellos.
Así lo explicaba Jacques Lecoq, el gran maestro del mimo y la interpretación: "Un día pedí a los alumnos que se pusieran en círculo -reminiscencia de la pista circense- y que nos hicieran reír. Uno tras otro, lo fueron intentando con payasadas, piruetas, juegos de palabras a cuál más fantasioso. ¡Todo inútil! El resultado fue catastrófico. Teníamos la garganta oprimida, una sensación de angustia en el pecho, todo aquello se estaba volviendo trágico. Cuando se dieron cuenta del fracaso, pararon la improvisación y se volvieron a sus sitios para sentarse, despechados, avergonzados, incómodos. Fue entonces, al verlos en aquel estado de abatimiento, cuando todo el mundo se echo a reír, no del personaje que pretendían presentarnos, sino de la persona misma, puesta así al desnudo. ¡Lo habíamos encontrado! El clown no existe por separado de la persona que lo interpreta”.
El payaso es transparente y en lugar de fabricarse una máscara destaca su nariz, muestra los colores de un sonrojo permanente, presume de un tupé narcisista o nos regala su más torpe resbalón; siempre fiel a si mismo y su verdad.
Ante la presencia del payaso quedamos confrontados con nuestros burdos intentos de enmascarar nuestra realidad y ocurre como en aquella historia que narraba Miguel Gila sobre la forma en que detuvo a Jack el Destripador cuando trabajó para Scotland Yard. El decía que lo había detenido a base de indirectas. Pasaba cerca de Jack y le decía: "Alguien ha matado a alguien" y otras insinuaciones semejantes, hasta que el Destripador se derrumbó.
La proximidad del payaso derrumba nuestras máscaras.
Me atrevo a decir más. Si el payaso es muy bueno-muy bueno, no hace falta que esté pintado ni actuando sobre la pista para que este efecto se produzca. Si para Lecoq el payaso no existe separado de la persona que lo representa, tampoco un gran artista puede abandonar su payaso en el camerino...
No es posible entonces la amistad con un amigo payaso y la pretensión de seguir conservando nuestras máscaras, como no es soportable para el hipócrita la proximidad del niño o del borracho.
Así que si la amistad ya es en si misma un tesoro, tener un amigo que es un gran payaso es la mayor de las fortunas porque nos regala la libertad de volver a ser nosotros mismos.
viernes, 16 de enero de 2015
Cuando el profesor es un payaso
He vuelto a clase (aunque en realidad nunca me marché del todo, pues antes era alumno y ahora soy el profesor...)
Pero esta vez he vuelto a clase como un alumno más, dispuesto a asistir a un taller bien especial, impartido por un profesor muy particular..
No, no se trataba de un máster en pedagogía ni un cursillo de reciclaje.
Tampoco el profesor ostentaba cátedra alguna en ningún centro universitario de élite, ni estaba en posesión de ningún diploma que le acreditase como couching..
Se trataba de un taller práctico, dirigido a los miembros de nuestra agrupación scout e impartido por -atención- ... ¡un payaso!
Sí, lees bien: un payaso. ¡Y menudo payaso, Dios mío!
Todo un señor payaso de los pies a la cabeza: Don Tintín Campa.
No tomé notas, pero de memoria puedo recordar al menos cinco cosas que aprendí de Tintín:
1. El respeto al otro es la base para reír y convivir.
2. No es lo mismo burlarse que reírse.
3. Es más fácil y tentador hacer llorar y causar dolor que hacer reír y ser terapéuticos.
4. Todos podemos hacer algo para mitigar el dolor y poner una sonrisa en el rostro de nuestro prójimo.
5. Hagamos lo que hagamos, nunca comprometamos nuestra dignidad.
Aún estoy meditando si nombrar a este hombre Ministro de Educación o Ministro de Sanidad...
Lo que sí sé es que con más clases como éstas y más personas como Tintín, el mundo sería un lugar mejor para todos.
¡Olé su arte, maestro!
Gracias de corazón Tintín.
Pero esta vez he vuelto a clase como un alumno más, dispuesto a asistir a un taller bien especial, impartido por un profesor muy particular..
No, no se trataba de un máster en pedagogía ni un cursillo de reciclaje.
Tampoco el profesor ostentaba cátedra alguna en ningún centro universitario de élite, ni estaba en posesión de ningún diploma que le acreditase como couching..
Se trataba de un taller práctico, dirigido a los miembros de nuestra agrupación scout e impartido por -atención- ... ¡un payaso!
Sí, lees bien: un payaso. ¡Y menudo payaso, Dios mío!
Todo un señor payaso de los pies a la cabeza: Don Tintín Campa.
No tomé notas, pero de memoria puedo recordar al menos cinco cosas que aprendí de Tintín:
1. El respeto al otro es la base para reír y convivir.
2. No es lo mismo burlarse que reírse.
3. Es más fácil y tentador hacer llorar y causar dolor que hacer reír y ser terapéuticos.
4. Todos podemos hacer algo para mitigar el dolor y poner una sonrisa en el rostro de nuestro prójimo.
5. Hagamos lo que hagamos, nunca comprometamos nuestra dignidad.
Aún estoy meditando si nombrar a este hombre Ministro de Educación o Ministro de Sanidad...
Lo que sí sé es que con más clases como éstas y más personas como Tintín, el mundo sería un lugar mejor para todos.
¡Olé su arte, maestro!
Gracias de corazón Tintín.
viernes, 9 de enero de 2015
Nació para quedarse
La locura terrorista ha vuelto a ensangrentar las calles de Occidente.
Nada nuevo por cierto en otros lugares.
Mientras en París morían doce personas, en Nigeria eran unas dos mil las asesinadas por Boko Haram.
Decimos que vivirmos en un mundo global pero creo que no lo entendemos demasiado bien.
Defiendo la libertad de expresión y a la vez sé que no todo el mundo está preparado para digerir portadas como ésta:
http://stripsjournal.canalblog.com/archives/2012/11/07/26044997.html
Creo que no conocemos a los vecinos con los que convivimos, ignoramos qué piensan o qué sienten. Nos importa poco además...
Estamos en conflicto, en una forma de guerra ideológica contra los fundamentalismos, eso sí que no se nos escapa.
Pero si vamos a usar la violencia (aunque sea visual) en nuestra batalla contra la intolerencia, hemos de ser conscientes del posible incremento de la espiral.
¿No sería más inteligente dar un espacio en el debate social a la religión no fundamentalista y no violenta, en lugar de entretenernos escupiendo contra los fanatismos?
El sentimiento religioso nació para quedarse, es innato al ser humano. aunque algunos pretendidos ilustrados crean que puede ser borrado con un dedo.
Quizás me equivoco, no lo sé.
Nada nuevo por cierto en otros lugares.
Mientras en París morían doce personas, en Nigeria eran unas dos mil las asesinadas por Boko Haram.
Decimos que vivirmos en un mundo global pero creo que no lo entendemos demasiado bien.
Defiendo la libertad de expresión y a la vez sé que no todo el mundo está preparado para digerir portadas como ésta:
http://stripsjournal.canalblog.com/archives/2012/11/07/26044997.html
Creo que no conocemos a los vecinos con los que convivimos, ignoramos qué piensan o qué sienten. Nos importa poco además...
Estamos en conflicto, en una forma de guerra ideológica contra los fundamentalismos, eso sí que no se nos escapa.
Pero si vamos a usar la violencia (aunque sea visual) en nuestra batalla contra la intolerencia, hemos de ser conscientes del posible incremento de la espiral.
¿No sería más inteligente dar un espacio en el debate social a la religión no fundamentalista y no violenta, en lugar de entretenernos escupiendo contra los fanatismos?
El sentimiento religioso nació para quedarse, es innato al ser humano. aunque algunos pretendidos ilustrados crean que puede ser borrado con un dedo.
Quizás me equivoco, no lo sé.
domingo, 4 de enero de 2015
Ser o no ser
Uno de los conciertos que recuerdo con más cariño fue en el año 2001 en mi ciudad: Alberto Cortez y Los Andariegos. ¡Estuvo genial!
Más abajo está el vídeo de una de mis canciones favoritas de Alberto.
Lo cierto es que yo nunca logré aprender a ser un pequeño burgués...
En aquel lejano 2001 estaba preparado para casarme con alguien yo que creía que me querría para siempre, listo para hacer carrera política o eclesiástica, a punto para una bonita vida convencional...que nunca se dio.
Y sí, como bien imaginas, de este "pecado"... no estoy ni estaré arrepentido ;-)
Más abajo está el vídeo de una de mis canciones favoritas de Alberto.
Lo cierto es que yo nunca logré aprender a ser un pequeño burgués...
En aquel lejano 2001 estaba preparado para casarme con alguien yo que creía que me querría para siempre, listo para hacer carrera política o eclesiástica, a punto para una bonita vida convencional...que nunca se dio.
Y sí, como bien imaginas, de este "pecado"... no estoy ni estaré arrepentido ;-)
viernes, 7 de noviembre de 2014
Monstruo
Esta semana en la clase de mi hija mayor estaban estudiando un tema apasionante: los "catalanes universales". Se trataba de conocer a aquellos catalanes que han traspasado fronteras y han sido conocidos en todo el mundo.
La lista no es demasiado larga pero sí muy interesante. Predominan los arquitectos y artistas (como Gaudí o Dalí), los músicos e intérpretes (como Pau Casals o Montserrat Caballé), algún inventor (como Monturiol) y algún deportista (Pau Gasol).
No sé porqué de pronto me vino un nombre a la cabeza y le pregunté a mi hija: "¿No se habrán olvidado de Xavier Cugat, verdad?"
Mi hija me respondió: "...pues me parece que sí papa, porque ese nombre no me suena que lo hayan nombrado en la clase".
Xavier Cugat fue uno de los catalanes más universales que ha producido esta tierra. Fue conocidísimo en el mundo entero por sus discos de música afrocubana y latina, de alta calidad según los entendidos, y por sus múltiples apariciones cinematográficas.
Siempre me resultó cómica la forma en que Xavier Cugat dirigía a su orquesta en el cine. Lo hacía de espaldas a los músicos, embelesado por el baile sensual de la cantante solista (generalmente su esposa).
Ahora que estamos a un par de días de la fecha en que el pueblo catalán va a poder expresar sus deseos para el futuro (en la consulta del 9-N), la forma de dirigir del gran Cugui se me antoja un ejemplo de lo que no deberían haber hecho nuestros gobernantes.
Por varios años, el gobierno central ha dirigido España de espaldas a los catalanes. Nos ha usado para encender el patriotismo español y expresamente ha hecho oídos sordos a las peticiones de concierto económico, de referendum, etc.
Con esa actitud el gobierno central ha jugado con fuego y ha alimentado el sentimiento independentista catalán, mientras retenía votos en otros territorios del Estado alentando el resquemor y desconfianza secular entre los distintos pueblos de España para su beneficio electoral.
Un monstruo de la música como es Xavier Cugat se puede permitir dirigir de espaldas a su orquesta. Pero el presidente del gobierno central no puede permitirse gobernar de espaldas a uno de sus territorios más pujantes y con un fuerte sentimiento nacional, si no quiere encontrarse con un problema mostruoso y de imposible solución.
El 10 N señor Rajoy dese la vuelta y escuche los argumentos de los catalanes. Aún estamos a tiempo (creo).
La lista no es demasiado larga pero sí muy interesante. Predominan los arquitectos y artistas (como Gaudí o Dalí), los músicos e intérpretes (como Pau Casals o Montserrat Caballé), algún inventor (como Monturiol) y algún deportista (Pau Gasol).
No sé porqué de pronto me vino un nombre a la cabeza y le pregunté a mi hija: "¿No se habrán olvidado de Xavier Cugat, verdad?"
Mi hija me respondió: "...pues me parece que sí papa, porque ese nombre no me suena que lo hayan nombrado en la clase".
Xavier Cugat fue uno de los catalanes más universales que ha producido esta tierra. Fue conocidísimo en el mundo entero por sus discos de música afrocubana y latina, de alta calidad según los entendidos, y por sus múltiples apariciones cinematográficas.
Siempre me resultó cómica la forma en que Xavier Cugat dirigía a su orquesta en el cine. Lo hacía de espaldas a los músicos, embelesado por el baile sensual de la cantante solista (generalmente su esposa).
Ahora que estamos a un par de días de la fecha en que el pueblo catalán va a poder expresar sus deseos para el futuro (en la consulta del 9-N), la forma de dirigir del gran Cugui se me antoja un ejemplo de lo que no deberían haber hecho nuestros gobernantes.
Por varios años, el gobierno central ha dirigido España de espaldas a los catalanes. Nos ha usado para encender el patriotismo español y expresamente ha hecho oídos sordos a las peticiones de concierto económico, de referendum, etc.
Con esa actitud el gobierno central ha jugado con fuego y ha alimentado el sentimiento independentista catalán, mientras retenía votos en otros territorios del Estado alentando el resquemor y desconfianza secular entre los distintos pueblos de España para su beneficio electoral.
Un monstruo de la música como es Xavier Cugat se puede permitir dirigir de espaldas a su orquesta. Pero el presidente del gobierno central no puede permitirse gobernar de espaldas a uno de sus territorios más pujantes y con un fuerte sentimiento nacional, si no quiere encontrarse con un problema mostruoso y de imposible solución.
El 10 N señor Rajoy dese la vuelta y escuche los argumentos de los catalanes. Aún estamos a tiempo (creo).
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Instantes dichosos
Llevo ya más de un año luchando para que no se prohíba en Catalunya el circo clásico (sí, el que incluye animales artistas en sus espectáculos).
En medio de todo el proceso he tenido oportunidad de hablar con varios políticos, entre ellos alguno con el cual tengo desde antaño una buena amistad.
Este amigo se sorprendía al verme a mí metido en semejante guerra y me preguntaba que cómo había llegado yo hasta allí.
Mi respuesta fue sencilla: he visto mucho circo, amo al circo y no voy a dejar solas a las gentes de circo,
Leyendo estos días a Schopenhauer he encontrado una respuesta, más elaborada que la que yo le di a mi amigo, sobre los efectos de la contemplación estética.
Dice Schopenhauer, refiriéndose a la estética en general, que aquellos que disfrutamos del circo"quedamos exonerados por un instante de todo querer, esto es, de cualesquiera deseos y preocupaciones, como si nos libráramos de nosotros mismos y dejáramos de ser el individuo que conoce el efecto de su constante querer, el correlato de la cosa singular para el que los objetos devienen motivos, pasando a ser el eterno sujeto del conocer avolitivo, el correlato de la idea."
Remata Schopenhauer: "y sabemos que estos instantes en los cuales quedamos liberados del acuciante apremio de la voluntad, como si emergiéramos de la etérea gravidez terrestre, son los más dichosos que conocemos."
Ahí es nada. Palabra de Arthur Schopenhauer, el filósofo.
Verdaderamente así me he sentido desde niño siempre que he asistido a una función de circo.
De niño. cuando llegaba el circo a mi ciudad, me pasaba el rato ensimismado viendo cómo montaban la carpa y el pequeño poblado que surgía a su alrededor.
Siendo joven, en la universidad, buscaba todos los circos alrededor de Barcelona para pasar las tardes sentado en un banco junto a las caravanas, escribiendo en mi diario, sintiéndome un poco menos solo al abrigo del mayor espectáculo del mundo.
Ahora de mayor, cuando he conocido personalmente a muchas personas que forman parte del mundo del circo, aún me ruborizo cuando tengo oportunidad de estrechar la mano de alguna "estrella" circense...
Nunca he puesto un pie en la pista. La reverencio, la esquivo aún cuando el circo no esté dando su función y tenga que hacer algún recado en su interior, prefiero dar un rodeo; me sigue pareciendo tierra prometida para la que no he sido llamado.
Así que verdaderamente no importa lo que ocurra en este mes decisivo para el futuro del circo en Catalunya.
Yo no voy a dejar que el circo muera o que lo mate la ignorancia de unos o la desidia de otros, como ya ocurrió con muestras de cultura popular como la revista y los teatros ambulantes, antaño boyantes y hoy desaparecidos...
Seguiré, seguiré y seguiré luchando, porque no quiero que los "instantes dichosos" de los que hablaba Schopenhauer habiten el reino de lo efímero. ¡Hasta la victoria!
En medio de todo el proceso he tenido oportunidad de hablar con varios políticos, entre ellos alguno con el cual tengo desde antaño una buena amistad.
Este amigo se sorprendía al verme a mí metido en semejante guerra y me preguntaba que cómo había llegado yo hasta allí.
Mi respuesta fue sencilla: he visto mucho circo, amo al circo y no voy a dejar solas a las gentes de circo,
Leyendo estos días a Schopenhauer he encontrado una respuesta, más elaborada que la que yo le di a mi amigo, sobre los efectos de la contemplación estética.
Dice Schopenhauer, refiriéndose a la estética en general, que aquellos que disfrutamos del circo"quedamos exonerados por un instante de todo querer, esto es, de cualesquiera deseos y preocupaciones, como si nos libráramos de nosotros mismos y dejáramos de ser el individuo que conoce el efecto de su constante querer, el correlato de la cosa singular para el que los objetos devienen motivos, pasando a ser el eterno sujeto del conocer avolitivo, el correlato de la idea."
Remata Schopenhauer: "y sabemos que estos instantes en los cuales quedamos liberados del acuciante apremio de la voluntad, como si emergiéramos de la etérea gravidez terrestre, son los más dichosos que conocemos."
Ahí es nada. Palabra de Arthur Schopenhauer, el filósofo.
Verdaderamente así me he sentido desde niño siempre que he asistido a una función de circo.
De niño. cuando llegaba el circo a mi ciudad, me pasaba el rato ensimismado viendo cómo montaban la carpa y el pequeño poblado que surgía a su alrededor.
Siendo joven, en la universidad, buscaba todos los circos alrededor de Barcelona para pasar las tardes sentado en un banco junto a las caravanas, escribiendo en mi diario, sintiéndome un poco menos solo al abrigo del mayor espectáculo del mundo.
Ahora de mayor, cuando he conocido personalmente a muchas personas que forman parte del mundo del circo, aún me ruborizo cuando tengo oportunidad de estrechar la mano de alguna "estrella" circense...
Nunca he puesto un pie en la pista. La reverencio, la esquivo aún cuando el circo no esté dando su función y tenga que hacer algún recado en su interior, prefiero dar un rodeo; me sigue pareciendo tierra prometida para la que no he sido llamado.
Así que verdaderamente no importa lo que ocurra en este mes decisivo para el futuro del circo en Catalunya.
Yo no voy a dejar que el circo muera o que lo mate la ignorancia de unos o la desidia de otros, como ya ocurrió con muestras de cultura popular como la revista y los teatros ambulantes, antaño boyantes y hoy desaparecidos...
Seguiré, seguiré y seguiré luchando, porque no quiero que los "instantes dichosos" de los que hablaba Schopenhauer habiten el reino de lo efímero. ¡Hasta la victoria!
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