martes, 21 de abril de 2015

Max P.

Ayer un niño mató a un profesor e hirió a varias personas en el instituto donde recibía clases. Llegó a clase armado con ballesta, cuchillos y un cóctel molotov...

Desde ese momento, una avalancha de disculpas han intentado sepultar la obviedad de que el Mal existe y que los niños son bien capaces de escogerlo.

La decisión del niño aparece empujada por series televisivas, brotes sicóticos, o cualquier cosa más digerible para nosotros que aceptar que lo hizo porque quiso hacerlo.

Hay que racionalizar lo ocurrido y aproximarlo lo más posible a la categoría de "accidente", más que lamentable pero menos sobrecogedor.

En esta sociedad inmadura en la que vivimos, seguimos viendo en la infancia y la primera juventud una Arcadia feliz, Los años nos alejan de ella, pero seguimos intentando alcanzarla e imaginándola como nunca fue

Seguro que aún no es tarde para que Max arroje las malas hierbas de su vida, pero será imposible que lo haga si seguimos hurtándole las llaves del jardín.

miércoles, 8 de abril de 2015

¡Mentira!

Hoy es el Día Internacional del Pueblo Gitano. 

En la versión online del diccionario de la Real Academia de la Lengua todavía se lee en su cuarta definición de gitano: "que estafa u obra con engaño". 

En la versión en papel los académicos han intentado ser más finos filipinos y definen al gitano como "trapacero" (o sea, lo mismo: tramposo, engañador...)

Somos lo que creemos que somos; y, muchas veces, creemos que somos lo que nos dicen que somos.

Mi abuelo era gitano.

Mi abuelo no era trapacero.

Mi padre no es trapacero.

Yo no soy trapacero.

lunes, 16 de marzo de 2015

Nos faltan gaullistes aquí

Creo que aún no se ha escrito lo suficiente sobre el paralelismo entre el presidente Suáerez y el general De Gaulle.

En esta hora de crisis global en la política española, cuando los grandes partidos tradicionales tiemblan y surgen nuevos proyectos populistas como Podemos o Ciudadanos, se echa de menos la presencia de una fuerza política integradora que pilote la transición hacia una nueva época.

Lo supieron hacer muy bien el presidente Suárez (pese a la fragilidad de los partidos que presidió, UCD y el CDS) y el general De Gaulle (que solamente fundó un efímero partido entre 1947 y 1955). Ambos lideraron situaciones de crisis teniendo las ideas claras sobre a dónde querían llegar, suscitando complicidades desde plataformas meramente funcionales y muy abiertas.

Las características que hicieron del "gaullismo" una solución viable fueron básicamente éstas: 1. Ninguna complicidad con soluciones no democráticas. 2. Devolución de la confianza en el futuro individual y colectivo ("grandeur"). 3. Altura moral para solicitar esfuerzos. 4. Conciencia de las prioridades sociales ("gaullismo social / de izquierda").

El problema que tenemos en España es que la persona que podía liderar un programa así falleció sin herederos de su obra política. No hay suaristas en España; y si los hay, son meros nostálgicos de la transición o de los años del radicalismo cedesista.

Así que el trabajo inacabado iniciado por el presidente Suárez puede implosionar por una combinación de crisis económica, corrupción, tensiones territoriales y populismos extremistas.

Como persona ampliamente liberal, confiado en que la democracia es "el peor de los sistemas inventados por el hombre, excepto todos los demás que fueron experimentados en la historia", aún mantengo la esperanza en una solución reformista. Pero ya está tardando.

lunes, 2 de marzo de 2015

Valió la pena, D. Francisco

"Méndez se llevó la mano al bolsillo mientras caía sobre la sucia calzada. Tal vez intentaba encontrar en él un arma, un libro olvidado o un recuerdo que le demostrara que, al fin y al cabo, todo había valido la pena" (Peores maneras de morir, 2013).

Esta noche falleció D. Francisco González Ledesma (1927). Nunca lo conocí en persona pero sí a través de sus obras.

Yo he sido uno más en las legiones de lectores de sus novelas e incluso de niño temblé leyendo los cómics del Inspector Dan, que él también escribía.

Me enseñó cosas importantes el Sr. González Ledesma. Básicamente, a entender a las personas y, porqué no, a amarlas.

Por ejemplo, siempre me dio apuro reconocer la maldad en el otro. El Sr. González Ledesma me ayudó a desprenderme de mis escrúpulos un tanto hipócritas. Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, aunque es cierto que hay muy buena gente y personas en verdad diabólicas. La naturaleza humana es poliédrica y su percepción caleidoscópica.

Aunque creció siendo de izquierdas, D. Francisco tuvo muy buena amistad con otro hombre que sabía mucho sobre la complejidad de la condición humana, el presidente Suárez. En uno de sus encuentros frecuentes en Moncloa, el presidente Suárez le confesó: "Cada día me apunto lo que he hecho mal, yo no estoy preparado para esto".

Es cierto que ya no podremos tener al Sr. González Ledesma como cronista de la Barcelona del futuro ni protector de los perdedores que la habiten. Pero confío que sus novelas aún seguirán ayudando a las generaciones venideras a seguir su ejemplo, a respetar y amar la condición humana y a valorar a las personas con conciencia, como el presidente Suárez, quien perdió su casa, hipotecada para pagar el tratamiento médico de su esposa; o como el propio D. Francisco, capaz de renunciar a un trabajo millonario como abogado defendiendo a los poderosos,  para ganar cinco mil pesetas mensuales defendiendo la verdad desde la oscura redacción de un diario de corta tirada.





viernes, 20 de febrero de 2015

Elijo devolverlo

Siempre he pensado que las ideas liberales deben estar presentes en el debate político en Catalunya y en España. 

Cuando era jovencito milité en el partido del presidente Suárez, el CDS, y en los últimos años he tenido el carnet de un pequeño partido liberal, el P-Lib. En ningún caso para hacer "carrera política" sino por un compromiso con mis ideas. 


Voy a devolver el carnet del P-Lib. 


Los colegas de partido, viendo las dificultades para que las ideas liberales vayan avanzando en estas tierras, se han decantado por la salida libertaria. Es decir, han elegido plantear un órdago a todo el sistema,  proponiendo un mundo ideal edificado a la medida de un cierto "snobismo/anarquismo de derechas".


Ellos, como los marxistas e iluminados del siglo pasado, también esperan la revolución.


Yo no.


Yo me siento más identificado con el pensamiento expresado por Raymond Aron: 


"Adopté una actitud que ha seguido siendo la mía siempre, con modificaciones según las circunstancias. Esto es, no tengo ningún afecto por los conservadores y los hombres de derechas, estoy en contra de la revolución violenta e intento en un mundo mezquino mejorar lo que se puede mejorar. Es del todo decepcionante, estoy de acuerdo, es del todo decepcionante y lo sé, no es el tipo de cosas que entusiasma a las masas, ni siquiera a los jóvenes..."


En el mundillo liberal hay montones de etiquetas expresando matices ideológicos. El P-Lib ha decidido llamarse ahora Partido Libertario. Quizás mi etiqueta sea la de "liberalismo decepcionante", no lo niego.


Pero si tengo que elegir entre Groucho Marx ("Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros") y Martín Lutero ("No es seguro ni honesto hacer algo contra la conciencia. No puedo hacer otra cosa, ésta es mi postura"),  yo lo tengo claro.

Ya he elegido.




domingo, 25 de enero de 2015

Cuando tienes un amigo que es un gran payaso

Dedicado a mis amigos D. Pedro y Fabrizzio.

Se afirma que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Supongo que los niños por inocentes y los borrachos por inconscientes. Sin embargo, en esa afirmación falta un sujeto más: los payasos.

Roberto Benigni, el gran cómico italiano, reflexionando sobre la diferencia entre el oficio de payaso y el de actor, escribió: "El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso encarna el suyo propio".

El payaso no representa ni miente y, sobre todo, no se miente a si mismo. Sabe de sus defectos y torpezas, y decide no excusarlos o esconderlos. Construye su propio personaje, no siempre sobre ellos, pero siempre contando con ellos.

Así lo explicaba Jacques Lecoq, el gran maestro del mimo y la interpretación: "Un día pedí a los alumnos que se pusieran en círculo -reminiscencia de la pista circense- y que nos hicieran reír. Uno tras otro, lo fueron intentando con payasadas, piruetas, juegos de palabras a cuál más fantasioso. ¡Todo inútil! El resultado fue catastrófico. Teníamos la garganta oprimida, una sensación de angustia en el pecho, todo aquello se estaba volviendo trágico. Cuando se dieron cuenta del fracaso, pararon la improvisación y se volvieron a sus sitios para sentarse, despechados, avergonzados, incómodos. Fue entonces, al verlos en aquel estado de abatimiento, cuando todo el mundo se echo a reír, no del personaje que pretendían presentarnos, sino de la persona misma, puesta así al desnudo. ¡Lo habíamos encontrado! El clown no existe por separado de la persona que lo interpreta”.

El payaso es transparente y en lugar de fabricarse una máscara destaca su nariz, muestra los colores de un sonrojo permanente, presume de un tupé narcisista o nos regala su más torpe resbalón; siempre fiel a si mismo y su verdad.

Ante la presencia del payaso quedamos confrontados con nuestros burdos intentos de enmascarar nuestra realidad y ocurre como en aquella historia que narraba Miguel Gila sobre la forma en que detuvo a Jack el Destripador cuando trabajó para Scotland Yard. El decía que lo había detenido a base de indirectas. Pasaba cerca de Jack y le decía: "Alguien ha matado a alguien" y otras insinuaciones semejantes, hasta que el Destripador se derrumbó.

La proximidad del payaso derrumba nuestras máscaras.

Me atrevo a decir más. Si el payaso es muy bueno-muy bueno, no hace falta que esté pintado ni actuando sobre la pista para que este efecto se produzca. Si para Lecoq el payaso no existe separado de la persona que lo representa, tampoco un gran artista puede abandonar su payaso en el camerino...

No es posible entonces la amistad con un amigo payaso y la pretensión de seguir conservando nuestras máscaras, como no es soportable para el hipócrita la proximidad del niño o del borracho.

Así que si la amistad ya es en si misma un tesoro, tener un amigo que es un gran payaso es la mayor de las fortunas porque nos regala la libertad de volver a ser nosotros mismos.


viernes, 16 de enero de 2015

Cuando el profesor es un payaso

He vuelto a clase (aunque en realidad nunca me marché del todo, pues antes era alumno y ahora soy el profesor...)

Pero esta vez he vuelto a clase como un alumno más, dispuesto a asistir a un taller bien especial, impartido por un profesor muy particular..

No, no se trataba de un máster en pedagogía ni un cursillo de reciclaje.

Tampoco el profesor ostentaba cátedra alguna en ningún centro universitario de élite, ni estaba en posesión de ningún diploma que le acreditase como couching..

Se trataba de un taller práctico, dirigido a los miembros de nuestra agrupación scout e impartido por -atención- ... ¡un payaso!

Sí, lees bien: un payaso. ¡Y menudo payaso, Dios mío!

Todo un señor payaso de los pies a la cabeza: Don Tintín Campa.

No tomé notas, pero de memoria puedo recordar al menos cinco cosas que aprendí de Tintín:

1. El respeto al otro es la base para reír y convivir.

2. No es lo mismo burlarse que reírse.

3. Es más fácil y tentador hacer llorar y causar dolor que hacer reír y ser terapéuticos.

4. Todos podemos hacer algo para mitigar el dolor y poner una sonrisa en el rostro de nuestro prójimo.

5. Hagamos lo que hagamos, nunca comprometamos nuestra dignidad.

Aún estoy meditando si nombrar a este hombre Ministro de Educación o Ministro de Sanidad...

Lo que sí sé es que con más clases como éstas y más personas como Tintín, el mundo sería un lugar mejor para todos.

¡Olé su arte, maestro!

Gracias de corazón Tintín.