Estaba a punto de montarse en su coche. Había acabado un acto más de campaña en un pueblecillo de la Catalunya que se alinea al pie de la carretera nacional 340.
Eran las elecciones autonómicas de 1988 y el Presidente Suárez se pateaba tierras catalanas pidiendo el voto para los candidatos del CDS.
Yo era un joven de 19 años que acompañaba al Presidente a todos los actos que podía. El CDS era un partido pequeño, todos hacíamos de todo en la campaña; y especialmente los jóvenes, que nos ofrecíamos voluntarios para cualquier tarea.
Alguien elevó la voz para preguntar: "¡Presidente! ¿cuántos escaños sacaremos el domingo?"
El presidente Suárez se giró justo antes de introducirse en su asiento y haciendo un gesto circular con sus dedos pulgar e índice unidos, sin dejar de sonreir, dijo: "¡Rosco!"
El coche arrancó y yo me quedé estupefacto.
Estábamos trabajando duro, muy duro. Quizás más que nadie el propio Adolfo Suárez. Y fuera de los focos, apenas siendo oído por tres o cuatro personas, cuando alguien le pregunta por su pronóstico electoral el Presidente apuesta por cero escaños. O sea, el fracaso absoluto. Frustrante.
Pocos días después la realidad hizo fallido este pronóstico. El CDS obtuvo tres diputados en el Parlament de Catalunya, ciertamente un éxito para un partido pequeño, sin recursos económicos ni humanos, sostenido casi en exclusiva por la ilusión de sus cuadros.
Me alegré, sí. Pero mi cabeza seguía dándole vueltas a aquel "rosco"...
¿Qué hacía ese hombre, antaño tan poderoso, derrochando abrazos y pronunciando discursos en los casinos de pueblos de comarcas, si creía que no íbamos a sacar ni un solo parlamentario?
Con la perspectiva del tiempo, he llegado a la conclusión que la conducta de Adolfo Suárez estaba arraigada en una firme moral kantiana.
Una moralidad que no se nutre de la seguridad de la victoria ni persigue el propio interés. Una moralidad basada en el cumplimiento del deber.
Ése fue el lema de su partido, el CDS, al comparecer en sus primera cita electoral: "Como Debe Ser".
Adolfo Suárez se comportó como debe ser al desmontar un sistema autoritario y legalizar todas las opciones ideológicas.
Se comportó como debe ser al quitarse de en medio y dimitir cuando vio que nuestra joven democracia podía peligrar con su permanencia.
Se comportó como debe ser cuando se negó a tirarse al suelo y mantuvo la dignidad de todo un país frente a las armas de los golpistas.
Suárez creía que las reformas iniciadas en la Transición no habían sido suficientes. Así que allí estaba él, de pueblo en pueblo, pidiendo el voto para acabar la tarea inacabada, quizás inacabable...
Sin espacio para el desaliento, aunque el panorama se presentase poco alentador.
Como debe ser.
Ahora que su vida se apaga, quiero agradecerle esa inspiración para seguir luchando con una sonrisa aun por las causas perdidas.
sábado, 22 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
La tentación de prohibir
En mi ciudad el pleno municipal ha decidido prohibir que las personas se tapen la cara en lugares públicos. El alcalde ha dicho que en nuestra cultura las personas van con la cara destapada.
Dejando de lado el añadido del posible sentido figurado de la frase (que la volvería más falsa que un billete de 30 euros) el episodio no es más que otra vuelta de tuerca al afán prohibicionista.
Desde el intento de prohibir los animales en los circos, hasta las sanciones a la prostitución, las aceiteras en los restaurantes o el tabaco en los lugares públicos, todo se encamina a una apoteosis de la prohibición como forma de volver a sacralizar la política, en tiempos en los que los políticos están más que cuestionados.
Un grupo de políticos decide que algo que un grupo de ciudadanos hace sería mejor (¿para quién?) que dejasen de hacerlo. Entonces ponen en marcha todo el peso de la maquinaria administrativa y estatal para conseguir su propósito.Se esperan aplausos.
Lerroux exhortaba en su juventud a sus ordas leales a invadir los conventos al grito de "elevemos a las novicias a la categoría de madres". Durante la II República fomentó la represión del sindicialismo. Murió siendo un propagandista del régimen de Franco y un entusiasta de las potencias del Eje..
Quizás no supo articular en una ideología concreta su gusto por la política de golpes de efecto, basada en la imposición de sus ideas; pero a eso mismo Emilio Gentile lo llamó fascismo ("la sacralización de la política por medios autoritarios").
Ocurre que la tentación de prohibir es más fuerte aún que la tentación por lo prohibido...
(Foto: matrimonio católico celebrado por el rito mozárabe)
Dejando de lado el añadido del posible sentido figurado de la frase (que la volvería más falsa que un billete de 30 euros) el episodio no es más que otra vuelta de tuerca al afán prohibicionista.
Desde el intento de prohibir los animales en los circos, hasta las sanciones a la prostitución, las aceiteras en los restaurantes o el tabaco en los lugares públicos, todo se encamina a una apoteosis de la prohibición como forma de volver a sacralizar la política, en tiempos en los que los políticos están más que cuestionados.
Un grupo de políticos decide que algo que un grupo de ciudadanos hace sería mejor (¿para quién?) que dejasen de hacerlo. Entonces ponen en marcha todo el peso de la maquinaria administrativa y estatal para conseguir su propósito.Se esperan aplausos.
Lerroux exhortaba en su juventud a sus ordas leales a invadir los conventos al grito de "elevemos a las novicias a la categoría de madres". Durante la II República fomentó la represión del sindicialismo. Murió siendo un propagandista del régimen de Franco y un entusiasta de las potencias del Eje..
Quizás no supo articular en una ideología concreta su gusto por la política de golpes de efecto, basada en la imposición de sus ideas; pero a eso mismo Emilio Gentile lo llamó fascismo ("la sacralización de la política por medios autoritarios").
Ocurre que la tentación de prohibir es más fuerte aún que la tentación por lo prohibido...
(Foto: matrimonio católico celebrado por el rito mozárabe)
lunes, 3 de marzo de 2014
Dos visiones desde el espacio
Me gustó "Gravity". Me alegro que triunfase en los Oscars de este año. La odisea de alguien por volver a pisar la tierra, por estar arraigada, por ponerse de nuevo en pie, latiendo, respirando, viviendo. Una mirada interesante a nuestro mundo, nostálgica y esperanzada a la vez.
Fuerte contraste con otro gran clásico: el comandante Tom de David Bowie en Space Oddity. Después de una misión exitosa, flotando en el espacio, Tom acepta que su destino está más allá de las estrellas y emprende el viaje más largo.
¿Con cuál me quedo? Con ambas, por supuesto, corrección política ante todo... ;-)
PD: Si alguien está sospechando que en realidad prefiero la canción de Bowie a la película de Cuarón, quizás podrá comprender porqué me atraen más Platón y "las cosas de arriba" al ver esta noticia: http://www.news.com.au/entertainment/movies/hilarious-oscars-commercial-for-gravity-completely-spoils-the-ending/story-e6frfmvr-1226818783053
Fuerte contraste con otro gran clásico: el comandante Tom de David Bowie en Space Oddity. Después de una misión exitosa, flotando en el espacio, Tom acepta que su destino está más allá de las estrellas y emprende el viaje más largo.
¿Con cuál me quedo? Con ambas, por supuesto, corrección política ante todo... ;-)
PD: Si alguien está sospechando que en realidad prefiero la canción de Bowie a la película de Cuarón, quizás podrá comprender porqué me atraen más Platón y "las cosas de arriba" al ver esta noticia: http://www.news.com.au/entertainment/movies/hilarious-oscars-commercial-for-gravity-completely-spoils-the-ending/story-e6frfmvr-1226818783053
jueves, 13 de febrero de 2014
Más que tolerancia
Nunca me pareció que el clamor por la tolerancia fuese el "no va más" de la ética. Leyendo a C. S. Lewis empecé a entender porqué.
La tolerancia es una virtud pasiva. Valiosa pero pasiva. El amor, sin embargo, es una virtud activa.
Podemos ser tolerante con aquéllos que no nos gustan. Quizás sea incómodo pero podemos hacerlo con más o menos esfuerzo. Amarlos es más difícil.
Y sin embargo, ése es el mandato de Dios. No solamente tolerar a los diferentes y mostrar nuestra corrección política sino ir activamente más allá.
Incluso en ocasiones estos valores pueden entrar en conflicto; porque para amar a otros quizás no debamos tolerar todos sus caprichos...
El cristianismo definitivamente no es una religión cómoda.
No nos llamó Dios a la comodidad de la corrección política sino al reto de amar de un modo auténtico.
La tolerancia es una virtud pasiva. Valiosa pero pasiva. El amor, sin embargo, es una virtud activa.
Podemos ser tolerante con aquéllos que no nos gustan. Quizás sea incómodo pero podemos hacerlo con más o menos esfuerzo. Amarlos es más difícil.
Y sin embargo, ése es el mandato de Dios. No solamente tolerar a los diferentes y mostrar nuestra corrección política sino ir activamente más allá.
Incluso en ocasiones estos valores pueden entrar en conflicto; porque para amar a otros quizás no debamos tolerar todos sus caprichos...
El cristianismo definitivamente no es una religión cómoda.
No nos llamó Dios a la comodidad de la corrección política sino al reto de amar de un modo auténtico.
miércoles, 29 de enero de 2014
Mira este vídeo
Mira este vídeo de Alepo y no dejes caer en el olvido el sufrimiento de Siria. Como ha escrito el arzobispo de Canterbury, el corazón del cristianismo es comprometernos con el Dios que cambia la Historia.
Oh Señor Dios, tu Hijo Jesucristo sufrió y murió por nosotros.
En su resurrección Él restaura la vida y la paz en toda la creación.
Conforta, te pedimos, a todas las víctimas de la intolerancia y a aquéllos oprimidos por sus compañeros humanos.
Acuédate en tu Reino de aquéllos que han muerto.
Conduce a los opresores a través de la compasión y da esperanza a los que están sufriendo.
Mediante el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Oh Señor Dios, tu Hijo Jesucristo sufrió y murió por nosotros.
En su resurrección Él restaura la vida y la paz en toda la creación.
Conforta, te pedimos, a todas las víctimas de la intolerancia y a aquéllos oprimidos por sus compañeros humanos.
Acuédate en tu Reino de aquéllos que han muerto.
Conduce a los opresores a través de la compasión y da esperanza a los que están sufriendo.
Mediante el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
martes, 28 de enero de 2014
Que nadie se equivoque (II)
¿Se puede ser moral sin tener una agenda moral que respaldar con la complicidad de lo público (el Estado)?
En ocasiones el liberalismo se ha percibido como un páramo moral. Se ha caricaturizado su neutralidad ante determinados conflictos morales como una ausencia de principios. No es así.
Los liberales sabemos que solamente la voluntariedad crea la virtud. No existe una virtud impuesta. Por eso buscamos las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse la vida moral.
Ése es nuestro punto de contacto con el pensamiento conservador: la ley y las instituciones. A través de ellas queda garantizado el ejercicio de la libertad frente a tiranías varias (incluida la tiranía democrática de las mayorías).
En inglés se entiende mejor.
No que los liberales seamos conservadores influenciados por las ideas de la libertad sino que mucho de nuestro liberalismo puede adjetivarse como moderado, clásico o reformista visto desde una perspectiva histórica. Porque hacemos valer la ley y las instituciones como garantes y vehículos para la libertad, allanando así el camino a la práctica individual de la virtud.
En ocasiones el liberalismo se ha percibido como un páramo moral. Se ha caricaturizado su neutralidad ante determinados conflictos morales como una ausencia de principios. No es así.
Los liberales sabemos que solamente la voluntariedad crea la virtud. No existe una virtud impuesta. Por eso buscamos las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse la vida moral.
Ése es nuestro punto de contacto con el pensamiento conservador: la ley y las instituciones. A través de ellas queda garantizado el ejercicio de la libertad frente a tiranías varias (incluida la tiranía democrática de las mayorías).
En inglés se entiende mejor.
No que los liberales seamos conservadores influenciados por las ideas de la libertad sino que mucho de nuestro liberalismo puede adjetivarse como moderado, clásico o reformista visto desde una perspectiva histórica. Porque hacemos valer la ley y las instituciones como garantes y vehículos para la libertad, allanando así el camino a la práctica individual de la virtud.
martes, 21 de enero de 2014
Que nadie se equivoque (I)
Con el nacimiento del partido VOX, autoproclamado "de matriz liberal", se ha reabierto el debate sobre el vínculo entre liberalismo y conservadurismo. Muchos partidos políticos conservadores se proclaman herederos del pensamiento liberal. Me parece una buena noticia. De hecho, ojalá los partidos progresistas hicieran lo mismo y sintieran en sus genes el peso de la herencia liberal en lugar del peso del marxismo.
El problema con los conservadores es el mismo problema que con los progresistas (y su defensa zapaterista de los derechos de los "colectivos"). Ambos no entienden la utilidad del liberalismo si no va acompañado de una agenda moral pública. En el caso del conservadurismo, esta agenda incluye ilegalización del aborto, adoctrinamiento nacionalista, etc.
Yo soy conservador en moral, no me duelen prendas en declararme así. Pero mi conservadurismo es "privado". No creo que el Estado deba utilizarse para imponer ni siquiera promover sentimientos nacionales, tampoco estoy de acuerdo en sanciones penales como método de disuasión frente al aborto.
¿Por qué entonces defender unas determinadas ideas políticas? ¿No se trata de alcanzar el poder para conseguir que el punto de vista de la mayoría se imponga sobre el punto de vista minoritario? Pues no.
Precisamente por eso soy liberal y ésa es la gran utilidad del liberalismo, que no alcanzan a comprender los conservadores ni los progresistas. Los liberales trabajamos para que las opciones morales de cada cuál sean respetadas, de forma que yo pueda seguir siendo "privadamente" conservador sin que nadie me lo impida ni nadie se crea con derecho a usar los instrumentos del Estado (lo "público") para intentar cambiarme.
¿Nos deja eso a los liberales huérfanos de un discurso moral? Tampoco es cierto. Rechazamos el moralismo (la imposición moral, sutil o coactiva) pero perseguimos la virtud. Todo nuestro entendimiento de la acción política es una búsqueda de la virtud y del derecho de cada persona a cultivar esa vida virtuosa en libertad. Que nadie se equivoque.
El problema con los conservadores es el mismo problema que con los progresistas (y su defensa zapaterista de los derechos de los "colectivos"). Ambos no entienden la utilidad del liberalismo si no va acompañado de una agenda moral pública. En el caso del conservadurismo, esta agenda incluye ilegalización del aborto, adoctrinamiento nacionalista, etc.
Yo soy conservador en moral, no me duelen prendas en declararme así. Pero mi conservadurismo es "privado". No creo que el Estado deba utilizarse para imponer ni siquiera promover sentimientos nacionales, tampoco estoy de acuerdo en sanciones penales como método de disuasión frente al aborto.
¿Por qué entonces defender unas determinadas ideas políticas? ¿No se trata de alcanzar el poder para conseguir que el punto de vista de la mayoría se imponga sobre el punto de vista minoritario? Pues no.
Precisamente por eso soy liberal y ésa es la gran utilidad del liberalismo, que no alcanzan a comprender los conservadores ni los progresistas. Los liberales trabajamos para que las opciones morales de cada cuál sean respetadas, de forma que yo pueda seguir siendo "privadamente" conservador sin que nadie me lo impida ni nadie se crea con derecho a usar los instrumentos del Estado (lo "público") para intentar cambiarme.
¿Nos deja eso a los liberales huérfanos de un discurso moral? Tampoco es cierto. Rechazamos el moralismo (la imposición moral, sutil o coactiva) pero perseguimos la virtud. Todo nuestro entendimiento de la acción política es una búsqueda de la virtud y del derecho de cada persona a cultivar esa vida virtuosa en libertad. Que nadie se equivoque.
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